Conocidas globalmente por Lo Chumilla, se encuentran en la pedanía de Torremendo, término municipal de Orihuela, concretamente entre las sierras de Pujálvarez y El Cristo, y son colindantes con La Albaida propiedad que lleva varios años en la asociación.
Con una superficie de 3 hectáreas, antaño estaban dedicadas al cultivo de almendros de secano, se encuentran cubiertas por matorral de sustitución dominado por albaida (Anthyllis cytisoides), boja (Artemisia sp.) y albardín (Lygeum spartum), entre otras. Asimismo, cuenta con una repoblación forestal realizada por los propietarios con pino carrasco (Pinus halepensis), lentisco (Pistacia lentiscus), acebuche (Olea europaea) y sabina mora (Tetraclinis articulata), entre otras.
Existe una amplia representación de reptiles, de entre los que destacan la culebra de escalera (Zamenis scalaris) y bastarda (Malpolon monspessulanus), lagartija colilarga (Psammodromus algirus), lagartija cenicienta (Psammodromus hispanicus) y lagartija ibérica (Podarcis hispanicus), salamanquesa común (Tarentola mauritanica) y salamanquesa rosada (Hemidactylus turcicus); entre los mamíferos sobresalen por su abundancia el conejo de monte (Oryctolagus cuniculus) y el lirón careto (Eliomys quercinus), siendo además zona de campeo de la garduña (Martes foina), gato montés (Felis silvestris) y zorro (Vulpes vulpes).
El gran desarrollo de regadíos con sus balsas de riego y el cercano embalse de La Pedrera, ha atraído aves adaptadas a medios acuáticos, como la garceta común (Egretta garzetta), la garza real (Ardea cinerea), la cigüeñuela (Himantopus himantopus) o el tarro blanco (Tadorna tadorna), entre otras especies; en los últimos años los moritos (Plegadis falcinellus) se han convertido en aves muy fáciles de observar. También se pueden ver con facilidad el gorrión común (Passer domesticus), la cogujada (Galerida sp.), cavernera o jilguero europeo (Carduelis carduelis), carbonero común (Parus major), mirlo (Turdus merula), alcaraván (Burhinus oedicnemus), chotacabras (Caprimulgus sp.), búho real (Bubo bubo), cernícalo vulgar (Falco tinnunculus), oropéndola (Oriolus oriolus), conocida como oriol en la zona, y un largo etcétera. Ocasionalmente se deja ver el águila real (Aquila chrysaetos). Resulta lamentable la disminución del número de mochuelos (Athene noctua), a la vez que la urraca (Pica pica), que estuvo totalmente desaparecida durante décadas, se ha vuelto a implantar con fuerza.
El patrimonio etnológico de la zona es también interesante. No en vano, la presencia del hombre está constatada al menos desde la Edad del Bronce, con un yacimiento que estaba situado en el cercano Cabezo Negro de Zeneta y destruido por la explotación de una cantera. Asimismo, aparecen restos medievales andalusíes dispersos por la zona. Toda esta actividad ha dejado huella en forma de explotaciones de cal, tanto los hornos o caleras, como las propias canteras de extracción de la materia prima. En algún caso, de esas mismas canteras se extrajeron bloques o cubos para la construcción, que han dejado sus marcas sobre la piedra.
Siendo este un territorio especialmente árido, los aljibes tradicionales (la finca posee uno) y las balsas para abrevadero del ganado excavadas sobre las margas impermeables fueron elementos imprescindibles, de los que aún queda algún ejemplo.
Lamentablemente se trata de una zona sobre la que se ciernen serias amenazas sufriendo una gran presión por los intentos de implantación de un macro vertedero de residuos de la vega baja del Segura. Igualmente, por las plantas de tratamiento de estiércol, las macroplantas solares y el desarrollo descontrolado de regadíos, y todo ello a pesar de sus indudables valores ambientales, reconocidos institucionalmente por la Generalitat Valenciana, ya que las citadas sierras se engloban dentro del Parque Natural de la Sierra de Escalona.

Firma del convenio de custodia. De izquierda a derecha: Luis Sáez, Geli Soto, Pilar Sánchez, Feliciano Sáez y José Miguel Sáez.

Turno de José Miguel Sáez.

El apretón de manos.

Clavando una de las señales indicadoras de pertenencia a la red de custodia del territorio.

Vista de la finca Lo Chumilla.

Al fondo la Sierra del Cristo.

Colocando otro cartel.

Lo Chumilla. Al fondo la Sierra de Pujálvarez.

Cartel.

Colocando otra señal.

Al fondo repoblación forestal realizada por los propietarios.

Lo Chumilla.

Bancal de antiguo cultivo de almendros ocupado por matorral.

Reponiendo cartel de La Albaida, colindante con Lo Chumilla.

La Albaida.

El nuevo cartel en la entrada de la finca.

Feliciano Sáez, propietario de La Albaida, es escultor cerámico y posa junto a una de sus obras.

Pantano de La Pedrera desde La Albaida.

Sierra del Cristo desde La Albaida.

Feliciano junto a una de sus obras, un caballito de mar. Ha sido coordinador de Greenpeace Murcia y miembro activo del Pacto por el Mar Menor.

Recreando la Prehistoria.

Una construcción recreando una cueva con sus pinturas rupestres.

Otra vista de la construcción.

Rinoceronte de las cavernas en cerámica.

Mamut, otra obra de Feliciano.

Fondo marino recreado por el escultor con rizomas de caña y otros restos en el techo de la construcción.
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